No estás vieja, estás deshidratada.
Si hay algo en lo que me baso al escribir, siempre es en situaciones que me pasan o me pasaron en consulta a lo largo de todos estos años. Más allá del estudio, los papers y las evidencias, la experiencia hace lo suyo: escuchar, leer entre líneas y acompañar también es parte del tratamiento. Este “llamado” lo recibo —sin mentir— todos los años. Podría apostar a que nunca me faltó un mensaje post viaje: “VOLVÍ y mi piel se ve con los poros más grandes que los cráteres de la luna. Tengo textura. Me compré de todooooo y siento que nada me está ayudando. Y encima… me veo más grande que Mirtha Legrand.” Y ahí… pim . Esto es un “llamado de emergencia”… pero de barrera cutánea. Porque cuando alguien vuelve así, no es que “la piel se arruinó”. Es que la piel está en modo supervivencia . Es como cuando tu celular entra en “ahorro de batería”: baja el brillo, se pone lento, se traba, y te tira ese cartel de “rendimiento limitado” . Bueno, la piel hace algo parecido: baja el “glow”, ...





