Antes de la crema, viene la piel

 

Para construir una rutina de cuidado facial efectiva, con resultados reales, no se empieza por la crema: se empieza por la piel.

Antes de pensar qué producto comprar, tenemos que volver a algo tan básico como saber qué tipo de piel tenemos y qué necesita en este momento.
No sirve comprar solo porque “dicen que es milagroso”, porque está de moda o porque se lo vio usar a una amiga divina en Instagram.
Siempre les digo: compren con criterio. Cada piel es realmente un mundo.

Escuché a infinidad de mujeres en congresos, acciones y en el día a día del gabinete, y les aseguro algo: cuando identifican su tipo y estado de piel, de repente todo se vuelve más fácil.
Ya no es “tengo 18 frascos y no sé qué hago”, sino: “sé qué necesito y por qué lo uso”.

No siempre va a estar una Flor al lado de ustedes agarrando los productos de la góndola. Así que volvamos a la base.


Primero: identificar tu piel (y tu drama principal)

Piel seca
Opaca, tirante, esa piel que después de bañarte queda tan seca que sentís que “se corta”. Fina, agrietada, cero luz.
Es la piel que, si pudiera hablar, diría: “por favor, que alguien me tire un balde de crema encima”.
Acá la palabra clave es: hidratar y suavizar, no pasarle cualquier cosa “porque es para piel grasa y me dijeron que absorbe”.

Piel mixta
La piel más popular de Latinoamérica y, curiosamente, de las más incomprendidas.
No es grasa, no es seca, por eso es la famosa “mixta”:

  • algunos poros visibles,

  • frente, nariz y mentón más brillosos,

  • debajo de pómulos y mejillas, más seca o normal.

La piel mixta es la típica que dice: “no sé qué soy, pero algo raro tengo”. Y sí, tiene razón: necesita equilibrio, no castigo.

Piel grasa
Acá me río siempre porque lo digo así:
quien tiene piel grasa sabe MUYYYYYYYYYYYYYYYYY BIEN que la tiene grasa.
No hay dudas.
Poros bien visibles, granitos, puntos negros, brillo de punta a punta, textura más gruesa.
Muchas veces está sensible y, en la desesperación, aparece el clásico combo: productos súper agresivos que terminan irritando más.

La piel grasa no necesita guerra, necesita orden, limpieza correcta y activos que regulen, no que la destruyan.

Piel sensible, con rojeces
Es esa que se irrita con facilidad, se pone roja al toque, todo le molesta.
Se prueba una crema y al rato: ardor, picor, incomodidad.
Es la piel intensa de la familia: reacciona al clima, al estrés, a lo que le ponés, a casi todo.
Con ella, la consigna es: calmar, proteger y simplificar.

Piel equilibrada o eudérmica
La famosa piel “normal”. Esa que mirás y decís: “guau, no tenés poros visibles, está luminosa, pareja… ¿qué hacés?”.
Es la piel “de bebé” en versión adulta.

Y acá viene la frase estrella de consultorio:
“Yo tengo piel normal, creo que no necesito nada”.
No, señora. Todos necesitamos, aunque sea, lo básico.


Lo mínimo que toda piel merece

Más allá del tipo de piel, como base todos necesitamos:

  • Una limpieza suave, con un limpiador desarrollado para el pH de la piel (alrededor de 5,5), gentil. No el mismo jabón con el que lavás las manos.

  • Hidratación acorde a la edad y necesidad, especialmente a partir de los 25. La piel no avisa con cartel luminoso, se va apagando de a poco.

  • Protector solar todos los días, todo el año. Sin negociación. Sin “pero hoy está nublado”.

Espero que estos tips te ayuden a encontrar tu tipo de piel y su estado actual.
Desde ese punto, vamos a seguir construyendo juntas una rutina que tenga sentido para vos, no para la vidriera.

Beso,
Flor.





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